La escasa atención que se ha venido dando a la evaluación de los proyectos sociales podría estar cambiando últimamente, como resultado de diversos factores. Uno de los
efectos de la crisis ha sido la disminución de recursos destinados a lo social, lo que ha llevado a que tanto gobiernos como agencias donantes presten mayor atención a metodologías que permitan elevar la eficiencia.
Dentro de ese contexto se busca evitar el alto costo que deriva de proyectos mal diseñados y ejecutados, carentes de mecanismos que permitan la corrección de los cursos de acción prefijados.